Fotografía de Don McCullin - ‘Snowy, Cambridge, early 1970s’

jueves, 9 de diciembre de 2010

Recaída

No lo he podido evitar.



http://ahoraquecaigo.blogspot.com/

miércoles, 18 de agosto de 2010

The End

Tal vez haya servido para ordenar algo mis ideas, aunque creo que si realmente se han aclarado en alguna medida no es debido a este blog sino a lo que la red me depara como mero observador.

Las ideas. Las mías, finalmente, son insignificantes y se resumen en un breve párrafo. En la vida, sea la individual o la social, conviene considerar que no hay ningún objetivo final, sólo rumbos posibles hacia ninguna parte. Elegir los mejores es una honesta tarea ineludible, pero es más difícil de lo que parece y por eso mismo la dejo en otras manos. Solo está a mi alcance intentar descubrir algunas de las circunstancias -el miedo, el poder, la opulencia, la miseria- que hacen más difícil la elección y encontrar el modo de eludirlas y, si es necesario, escapar de ellas. Y confiar luego en la suerte. Francamente, para esa tarea de frailecillo medieval este blog es completamente innecesario.




P.S.: Y si me sobreviene la torpe verborrea, que no digo que no y que miedo me da, ya veré dónde la deposito. Será por lugares.

lunes, 26 de julio de 2010

Hasta la tercera y más allá



O cómo saber hacer una segunda secuela con el mismo talento y brillantez que la primera película. Una gozada.

viernes, 9 de julio de 2010

Al frenesí, puerta

La roja, la rojigualda o la madre que la parió, que viva, que estoy disfrazado nuevamente de forofo pero sin banderita, pero si es casi Cataluña la que juega, Cataluña, el tótem que siente y padece y nos habla mientras los policías descubren que no pueden detener sin orden de un juez, que manda huevos, que entre ciertos jurisconsultos de casino, sesudos constitucionalistas y el mismísmo padre Montilla, no hago más que aprender el Derecho del revés, que ya la pérfida no es la Albión, es Rubalcaba, que ya ni hay espacio para la crisis económica de lo animado que está el patio con alegres manifas y pronunciamientos variopintos, así que algo tendré que hacer que me veo quieto y me preocupa, que será irresponsabilidad y dejadez.

Pero cuánto entusiasmo en el personal, y qué panorama más espantosamente aburrido y qué ruido tan molesto. Qué calor.

Cierro suavemente la puerta y ya no oigo nada. Alivio. Ahora mismo solo admito un poco de Gustav Mahler y si se pone melancólico. El adaggieto de la 5ª Sinfonía derretía a Alfonso Guerra y a cualquiera con la mínima sensibilidad necesaria para sumergirse en una música ya para siempre ligada a una muerte en Venecia, pero no conviene olvidarse del arranque del tercer movimiento de la 4ª mientras tomamos un sorbo de cerveza helada.




Y el mundo, de pronto, desaparece.