"No estoy contra la policía; simplemente les tengo miedo", dice Wikiquote que dijo Alfred Hitchcock. Algo parecido me pasa, por ejemplo, con los jueces, los periodistas y el poder político. Exagerando un poco –o mucho, no calibro— pienso que si llamara su atención habría llegado mi acabose.
Por otro lado, a diferencia de los confusos orígenes de mi ateísmo, tengo claro que mi profunda e incurable desconfianza hacia la prensa surgió cuando comprobé las graves imprecisiones que cometía la información de tribunales.
Con tales antecedentes han llegado a mis oídos las noticias sobre el dichoso caso Gürtel: en lo que a mí respecta, nuevas sobre lo que me asusta contadas por aquellos de quienes desconfío. Ni estoy tranquilo ni entiendo nada, pero siempre se aprende algo y quiero anotarlo antes de que se me olvide.
- Hay un juez socialista (¿dónde habré oído antes ese adjetivo?). No me parece del todo mal: hasta la fecha no he tratado con ninguno.
- En sus encuentros con los tribunales, hay una llamativa diferencia entre el ciudadano común y el poder político –o mediático, que tanto da—: mientras el primero suplica o solicita, el segundo exige. Ya me gustaría poder hacer lo mismo.
- A cierta altura social, todo personaje cuenta con su propia hagiografía. Unos ven amanecer y por las venas de otros corre tinta. No hay manera de que hagan o sean algo prosaico.


Otro día seguiré repasando las notas, que ahora me sobreviene la memoria histórica con el caso del ácido bórico y el caso Bono.
Qué recuerdos, qué casos y qué cosas. Ahora entiendo de dónde proviene mi temor a los jueces, los medios y la política, ese torbellino sin escrúpulos capaz de engullir a cualquiera y en el que resulta imposible saber dónde están exactamente la malicia, la ignorancia o la simple estupidez, sin que pueda descartarse que estén en todas partes.
Yo también debo inhibirme y seguir a lo mío.
Por otro lado, a diferencia de los confusos orígenes de mi ateísmo, tengo claro que mi profunda e incurable desconfianza hacia la prensa surgió cuando comprobé las graves imprecisiones que cometía la información de tribunales.
Con tales antecedentes han llegado a mis oídos las noticias sobre el dichoso caso Gürtel: en lo que a mí respecta, nuevas sobre lo que me asusta contadas por aquellos de quienes desconfío. Ni estoy tranquilo ni entiendo nada, pero siempre se aprende algo y quiero anotarlo antes de que se me olvide.
- Hay un juez socialista (¿dónde habré oído antes ese adjetivo?). No me parece del todo mal: hasta la fecha no he tratado con ninguno.
- En sus encuentros con los tribunales, hay una llamativa diferencia entre el ciudadano común y el poder político –o mediático, que tanto da—: mientras el primero suplica o solicita, el segundo exige. Ya me gustaría poder hacer lo mismo.
- A cierta altura social, todo personaje cuenta con su propia hagiografía. Unos ven amanecer y por las venas de otros corre tinta. No hay manera de que hagan o sean algo prosaico.


Otro día seguiré repasando las notas, que ahora me sobreviene la memoria histórica con el caso del ácido bórico y el caso Bono.
Qué recuerdos, qué casos y qué cosas. Ahora entiendo de dónde proviene mi temor a los jueces, los medios y la política, ese torbellino sin escrúpulos capaz de engullir a cualquiera y en el que resulta imposible saber dónde están exactamente la malicia, la ignorancia o la simple estupidez, sin que pueda descartarse que estén en todas partes.
Yo también debo inhibirme y seguir a lo mío.
"Fuga y misterio", de Astor Piazzolla en versión de la Kremerata Baltica, sin bandoneón y con vibráfono.